Sobre la conocida personalidad de Julio César, conquistador e historiador de sus propias campañas -Guerra de las Galias y Guerra Civil-, la novela superpone este otro César que intenta, a través de sus cartas a Bruto, entenderse y explicarse a sí mismo su comportamiento como hombre que ama y sufre, que reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la política y la vanidad del poder. César escribe a Bruto porque no quiere ser juzgado por la Historia solamente como general invicto, como historiador frío y lejano que habla de sí mismo en tercera persona, sino como un ser limitado y vulnerable, con las mismas flaquezas y angustias de cualquier mortal. Y su figura adquiere así un nuevo relieve, es iluminada por una luz no usada, gracias a esas cartas que son ficción literaria pero pudieron ser verdaderas: en esto consiste la maestría de un escritor.
La lectura de Querido Bruto es como una puerta que se abre para que muchos lectores, jóvenes y adultos, puedan adentrarse en el conocimiento de los clásicos y alcancen a beber en sus veneros inagotables, para que logren aficionarse a eso que en estos tiempos nuestros está desgraciadamente sometido a tantas indecisiones: el estudio serio y razonado de las Humanidades.
Ana Rosa Carazo
Catedrática de Lengua y Literatura