Diario Vasco, 25 junio 2006
Hacía tiempo que no me pasaba y me llevé una sorpresa cuando me di cuenta que llevaba dos horas seguidas leyendo aquel libro, sin poder parar. Era domingo por la mañana y desfilaban por mi cabeza unos cuantos adolescentes de último año de bachillerato, con problemas, ilusiones, desencantos, alegrías, amores y todo lo que acompaña a los diecisiete años. Sin embargo la novela se salía de lo habitual: nadie se acostaba con nadie en la página tres, no aparecían personajes atormentados en busca de una identidad sexual en la página diez, ni nadie se suicidaba, ni abortaba, ni se drogaba. Eran personajes normales y, por ser tan normales, eran anormales.
Era una novela políticamente incorrecta que me estaba apasionando y haciendo recordar unos años ya pasados, aunque no tan lejanos. Terminé la novela al filo de las dos, la hora de comer, con algunas ideas rondándome la cabeza. El autor había jugado bien sus bazas y yo sentía por él profunda admiración, mezclada con cierta envidia y un innegable afán de emulación.
Es la eterna pregunta del adolescente:¿Qué tiene ése/ésa que no tenga yo? ¿Por qué él/ella sí y yo no? ¿Qué cómo se titula el libro? Prometo que no tengo comisión:"Vigo es Vivaldi", de J.R. Ayllón. Que lo disfrutes.
Iñaki Garmendia
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